jueves, 16 de octubre de 2008

LA Verdad. LA Hipótesis. "Miau" LA Alergia.


La radio, que hablaba sola, divulgaba con voz mañanera que había ocurrido algo más dentro de todas las cosas que pasan “conscientemente” dentro de Caracas. -“UNA AMA DE CASA MATÓ A SUS TRES GATOS, Y SE QUITÓ LA VIDA, LUEGO DE QUE SE LE EXIGIÓ, EL MIÉRCOLES PASADO, EL PAGO DE LA HIPOTECA” Luego, y sin creer en la coincidencia, por favor, pasó a las noticia de la bolsa de valores. POR AMOR AL ARTE, ésto es nefasto. Yo vivía en el sosiego, pensando que los gatos se suicidaban confiados y contando seriamente con seis intentos más de muerte premeditada. ¿Qué ha pasado con el derecho a la ingenuidad animal?

¿Y no es más fácil matar al tipo de la renta? ¡Menos sanguinolento! En el más difamador de los casos, sabemos que la doña será apresada por 48 horas y listo. Pero te garantizan una vida plena, libre, saludable, con el mejor de los gozos: LA fama. Puede luego que busque refugio en la IRBCV (invaders' Revolutionary Bolivarianos Corporation of Venezuela). Pero dejemos el pensamiento flemático. Seamos optimistas. Este es un pais rico, divino, y aquí se habla así (con el permiso de Andy): “In the future every venezuelan guy will be world-famous for 15 minutes just if they collect their own murders. One, at least ¿ok?" (this's touching) ¡CLaro! “Llamémoslo la areté Venezolano” (ahora hablando de la ética y la política de la ¿Venezuela moderna?): El acecino; aquél joven para convertirse en un hombre con nombre debe…; y tenemos testimonios del Caballero Gouveia. Entonces tengamos confianza y pensemos; en todos estos homenajes, menciones, coronas, el nombre, la poética, la polémica; dinero, y salir en la prensa ¡por supuesto!, con el calificativo de: “El caballero acecino”, o bien “La Dama”, en este caso. Fácilmente la Señora y sus tres felinos pudieron estar en Miami, porque ni por un gramo de café, con este caso patológico-penetrante-económico-depresivo, la mandan a Cuba con un solo jabón por mes, a que termine de matar a Fidel (y que me disculpe el pueblo cubano, que es maravilloso. Si sirve de consuelo, nosotros tenemos a Chávez y sabemos que ustedes al amante agónico). En fin, la mandan a tierra “enemiga” con el bonito nombre de exilio. Entonces, así cómo se van los derechos humanos en un avioncito ("No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós..."), pues se va este majestuoso trío miau-cívico y su abuelita. ¡Y el escándalo! Hasta que:


“Había una vez un maletín”

y el presidente se vuelva a encolerizar y vuelva al acto de manipular (emopular) con el MAGNISIDIO MISMO.

¡Señores despierten! Tenemos que hacer algo. O pagamos o se nos extinguen los gatos. Y que empiece entonces la exportación de los gatos. Ahora no sólo serán los “ricos” los que se fumen un paquete diario de cigarrillos, sino también los que tengan una de estas mascotitas. LOS IMPERIALISTAS. Sí, tal cual “¡Mira! este tiene un gatito… ¡Que Oligarrrrrca!” (acentuémos éstas erres, por favor). ¿Y los secuestros? -“Se le hará entrega del niño, si en 24 horas me da 500 millones de dólares. Y no te hagas el gafo, sabemos que tienes un gato”. Y así serán “las noticias del mes”. Pero que no exista el pánico sabemos que luego: “había una vez un maletín” y que se vuelva a indignar el presidente. Y el magnicidio, etc.

Pero ya casi todos están entre Europa y Lous Estaros Yunidos. Otros entre el Olimpo y el Hades y no tiene caso. Somos sólo José, Clara, La abuela de Moisés, Leopoldo Castillo, Ronald Mcdonalds, mi familia y yo, los que no nos hemos ido del país, y esto es porque no hemos terminado de fundar el W4AV (Waiting for the Approval of the Visa) está previsto terminar la cede en la embajada americana para el dos mil y pera (no, no sólo fue la leche, ni el café, ni el arroz, (y se aburre el copulativo, para seguir con el elenco pérdido de proteínas y minerales) sino también es el cemento y los adobes) ¡Pero mente positiva! ¡POSITIVA!



Que me disculpe la señora y los tres gatos estén en su santa gloria.




Hmm, & then WHAT?

martes, 14 de octubre de 2008

My husband, Charlei.


"... I come back, open the door, and there's Veronica and CharlieDoing Number Seventeen, the spread-eagle.
Well, I was in such a state of shock
I completely blacked out,
I can't remember a thing
It wasn't until later when
I was washing the blood off my hands
I even knew they were dead."

martes, 23 de septiembre de 2008

Nada personal.

Se enamoró una hormiga de un payaso,
por hacerla reír tanto.

LA explicación (Sabemos de incongruencia y melancolia)

Lo que se halla en el borde de las retinas (en el acto de volver la mirada) es repetido; por la coincidencia de salpicaduras, por el amontonamiento de ingredientes humanos. Entonces, esto se amarra en los zapatos, entre la piel del pisoteado y el 'pisador' -entre pieles-. Se desengancha de los verbos ecuánimes.

Lo que se entiende, lo entiendes tú.
¿tú? ¿quién? ¿de donde vienes? ¿a qué te dedicas? ¿comes árbol? ¿hablas contigo? ¿con quién duermes? ¿qué hablas? ¿que dices? ¿lloras? ¿a donde quieres ir? ¿y los aviones de papel? ¿sabes algo de lagartos? ¡a mi no me gustan los gatos!

Y mi paso se da entre las panzas y esqueletos de mi edad, entre las grietas de una naranja perdida. Lo que se entienda será expulsado; será el crimen de los cobardes; mientras mueran taciturnas las bocas en su propio juicio de muelas, hasta encontrar LA explicación.

jueves, 31 de julio de 2008

Titular de la mañana

:La risa no hizo nada, todo

fue: culpa del chiste. Yo soy inocente,

la burla es testigo.

lunes, 28 de julio de 2008

Paito; deja más que plantas horizontales.


Como duele el apellido debajo de la tierra. La intemperie, el temor de hervirse dentro del ahogo; dentro de la costumbre; dentro de la conversión del propio olor. Como duele ver el color de sus párpados por primera vez en años –que yo los hago párpados, o un sueño hondo suyo, o los hago mi dolor en cuanto termina la falacia- Como duele la inocencia del primo chiquito, que a su lado, juega a que los aviones explotan, los carros se desmoronan por simas infinitas, que en cuanto caigan desde lo más alto, más parece divertirle la imagen de un cuerpo ya polvorizo que se estrella contra la superficie. Y nosotros, “los vivos”, pasmados, obsesos, geométricos, empezamos a creer que hasta las próximas cenas familiares serán apocalípticas. Como duele esa quietud que engaña, que dibuja ahí una autorización del cielo –implacable-, intensifica la vanidad del café, y humilla la utilidad de la manzanilla. Exclamaciones inmóviles. Su grito sometido. Pecho estéril. Se sostiene de subordinados de madera, de clavijas, o de tétricas imágenes que llevan alas de cerámica. Como duele soltar la rosa, que se acomoda entre la tierra.

Si desde ahí abrieras los ojos, parezco estar yo más cerca del cielo.

viernes, 11 de julio de 2008

El más feliz de ésta historia

A Bruno le encantaba Samy;
Samy estaba enamorada de Marga
pero salía con Flora.
Bruno, sin más opciones,
mantenía una relación con Lena
mientras seducía a Gina.
-Lena estaba enamorada de Bruno-.
Marga quería estar con Samy,
pero salía con Marta.
Yo, conquistaba a Eva mientras salía con Tere.
Eva estaba casada con Borjes,
pero me besaba a escondidas.
Tere no olvidaba a Clara,
pero quería divertirse conmigo.
Clara no quería estar con Tere.

¿Quién era el más felíz de esta historia?

jueves, 3 de julio de 2008

Carta de Venático a Ciclotimia

Mon Chéri, Ciclotimia (permitame decirle que no estoy loco)

Me han propuesto escribir una carta de amor para uno de esos concursos alentadores que te premian con viajes a las esquinas de algún mundo parecido al nuestro, o con paseos a otras galaxias burbujeantes o de arena. Esta vez hablan de la Argentina, y entonces yo me acordé de vos, porque así me decís vos a mi en mis sueños, me decís “vos” y entonces me hacés pensar, suspirar, reír, me hacés vivir. Aunque yo me lo he tomado muy personal y he decidido escribirle a ver si por cuestiones de la vida o de esas “casualidades” interminables sos una de las que se sienta en esa mesa jurídica; larga, casi lisa y de aromas fríos, llena de cartas, llena de amores.

Me tomo el atrevimiento de confesarlo todo; de confesar que es inaceptable no creer que estaba ahí para que alguien le encontrara. Escena de un crimen (no se ofenda). Sentada, posando placidamente, como a la espera de nada; con un gorro nocturno que tapaba su cara dotada de líneas escondidas. Misteriosa. Para ese entonces parecía invisible, contemplaba recostada de la ventanilla algún sueño movedizo. Le delataba el bostezo con ñapa de lágrimas, y noté que llevaba con usted un bolso, donde guardaba el azar y otros secretos, o tal vez sólo un par de figuraciones mías. En ese momento me vi completamente obligado a preguntarle cualquier cosa; sobre el día internacional de la hormiga, ¡no sé! al menos para dejar a un lado la bendita inmortalidad del cangrejo, que está tan repetida como el “disculpa, ¿tienes hora?” ó “¿Nos conocemos?”. Y a diferencia de otras veces que sólo imagino lo que quiero hacer en el momento, esta vez no lo dejé escapar; le pregunté -y usted es testigo-, y me di cuenta de que lo hice porque empezaba a salir del escondite en el que estaba; como la flor que emerge de la tierra, empezaba a descubrir su cara, y poco a poco salía de su boca una nariz caracolada, que desde la boca ascendía por su cara arrastrándose pasivamente hasta adherirse completa entre sus pecas. En aquel fin de esa nariz desnuda, de espalda contraída, empezaban a descombrarse dos metáforas mordaces y finamente delineadas, que apenas abiertas, desmayaban sobre las letras de mi camisa (“Rock & Roll since 1987”). Y yo, el propio idota en suspenso; con la boca lista para aterrizaje de mosca ciega.

(Ahora suena “La Vie En Rose” Versión: Louis Armstrong. ¿Bailamos?)

Me miró, y convertió ese pequeño instante de distancias cortas y lánguidas en un lindo crimen (vuelvo, no se ofenda con lo del crimen, es algo que le agradezco). Un crimen de distancias cortas, disecas, vibrantes. Insisto, distancias cortas. Me respondió usted con una pregunta; ya no recuerdo cuál. ¿Estrategia? Y vaya agonía la mía, luego de ese primer beso de contemplaciones; tropiezo de miradas, preludio de tonos miel, olores tibios, escondite de pretéritos tímidos, y felicidad súbita, que me dejan culparle. Empezó a conversar y a dejar escapar una que otra vez la mirada; se inventaba elementos que flotaban en el aire, y que descendían en el viento a paso de vals; bailoteaban con sus ojos; concebía su caída sobre mis pelos, o mis cejas. A otros los enredaba en mis pestañas, y mis favoritos eran aquellos que superponía entre mis ojos, que como gotas de agua se deslizaban hasta la punta de mi nariz, y justo en ese momento… usted sonreía.

Le veia disfrutar el vértigo de aquella gota frágil que luchaba por su vida, que inmóvil en la cima de aquella nariz, prevenía inútilmente la caída hasta estrellarse en mi labio. ¡PLAF! y te delatas. Jugaba usted con sus palabras salpicadas de certeza y osadía tinta, jugaba también con mi olfato, que perseguía el movimiento de sus manos. No se imagina el trabajo arduo (divino) en el que estaba; dejar escapar mis sentidos, que como diría Víctor Hugo, parecían niños inquietos desarmando juguetes hasta encontrarles el alma. Sí, mis cinco sentidos (el tocón, el besucón, el mirón, el fisgón que lo huele todo, y el que sólo escucha, que nunca me mete en problemas) jugando con los suyos. Y al mismo tiempo en mi mente, de manera apresurada, cocía la última letra de una palabra suya con el comienzo de la otra (para no perder el hilo). Tanto trabajo, y tanta costura para luego responderle con un interesantísimo, diplomático, y nunca fuera de lugar: “Hmm, claro” “Entiendo”… Y así pasó todo, hasta que se fue, o me fui, me dejó, o le dejé ir.

Yo me quedé, me quedé perfectamente cursi. Contraje el virus de la sonrisa ajena. Su sonrisa, que existió por horas en la mía; y aquellos síntomas han sido eternos, han afectado constantemente al insomnio de mi insomnio, proponiéndole que duerma. Me dio el síndrome de la incongruencia, pasé días diciendo cosas inadmisibles. Hablar de la influencia de la gripe en el inglés, por ejemplo. Y más. Constante pérdida del sentido común, tic nervioso en la punta de la lengua, confusión entre el color negro y el fucsia, monólogos de diez a quince minutos, constante atracción por el horizonte y/o cualquier techumbre, escalofríos en mis meñiques, superabundancia de suspiros, ardor en las costillas, cosquillas en la panza, mariposas desveladas, guacamayas enjuiciadas, águilas, tortugas, chimpancé, elefante, volcán púrpura; y como le seguía diciendo: la influencia de la tos en el francés consiste en…

De pronto me enamoré, verá, me enamoré de una cajita de sorpresas, donde cada noche, por los callejones de mi cama, un desfile de hormigas delincuentes me regalan un espectáculo irrepetible. Me encapriché con esa intriga nocturna que me dejó, intriga de capa escarchada, de deseos fugaces, espera indeleble, minutos suicidas. Tengo una colección de canciones tercas, con títulos tenaces (“Cosas Imposibles”, “Crimen”, “Tu cicatriz en mí”, “Me quedo aquí”, “Alfil sucede”, “Uno entre mil”, etc.) de las que no quiero escapar. Me encapriché con el desvelo infantil y estático, con las texturas de mi almohada, que se adhieren a mi cabeza, a mis credos. Me gusta la impaciencia de mis caricias, que se encarcelan entre mis manos, y el envejecimiento del espejo.

Me enamoré más que nunca de las instrucciones de Cortázar, de los elogios de Vargas Llosa, del perfume de Süskind, de la locura del Quijote, de la fidelidad del panzón, de la belleza Dulcineana, de algún poema #15, de algún Neruda. Y resulta que no me canso de ser hombre, y me enamoro de los microsegundos, micro detalles, micro advertencias... Me enamoré madame, del pasar, del venir, (esencia de su ausencia) del estar, esperar. Y me gusta saber que está condenada a ser esta carta, y que yo me hundo en estas letras para que me descubra; me descubra en este baño de verbos hambrientos, de dulces tormentos, de micro multitudes.

Ya no escribo más; sigamos bailando.


Venático Alfalfo.

miércoles, 2 de julio de 2008

Una palabra al azar.

Radiestesia: "Facultad que se le atribuye a algunas personas para adivinar a distancia la existencia de manantiales, yacimientos, etc., a partir de las oscilaciones de un péndulo o de una varita."

martes, 29 de enero de 2008

Martes.

Quién dice que el exceso mata, es precisamente a quién mata el exceso. En ese caso, mis vicios son extremistas cuando a mi se refieren.
Al menos tienen actitud de vicios.

Descontinuar la casa.

Escribo y pronuncio cada una de éstas letras con el borde de mis dedos. Podría titular cualquiera de estos días como el comienzo de una ruta; me fascinan las rutas. Podría también subtitular el prestigio de cada noche como predilecta. No pierdo la costumbre de sentarme justo aquí, alrededor de una geometría de ideas de parque y mar -se sabe de árboles con formas inútiles, de esquinas invadidas por alguna hormiga que le dice a otra que le diga a la otra, y a la otra, y así-. Hay un mar de papeles pálidos -pobres hojitas de papel-, de cables medulares que hacen descontinuar la casa. Hay un albergue de libros enjuiciados que protestan por su derecho a recibir aire de un ventilador; hay unos que cantan, otros sordos, otros tibios; algunos no saben qué hacen aquí. Evitemos un etcétera. A mi derecha está doña canción, me habla de una fibra tejida; me viene a la cabeza algo vivo -una medusa hecha por mi abuela-. En los lados izquierdos del mismo lugar está sólo el espejo que hace de 'cualquier cosa', otra 'cosa cualquiera'. Por último el ombligo de una pared, donde intervenimos a diario quienes sabemos de balcones, aeronaves y enamoramientos.